Yo conocí a M. varias veces. Por muchachos que andaban tras su cabellera del sexo, por amigos estrambóticos en común, en fiestas de escuelas católicas y luego, así como si nada más pudiera pasar, en un ensayo casual de rock.
M. es un símbolo sexintelecual, es tan bonita que una conductora de TV la tomo de la cadera y la zarandeó. Tan bonita que más de dos amigos/conocidos han querido ser con ella. M. es de esas cosas fuera de serie. De las amigas que uno se imagina y dice “bah, no existe”. Esa es M. de pantaloncitos negros y converse, de ojitos azules y cabello rojo.

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